Presentación

Una breve historia

En 1996 la UNESCO instauró el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.  La fecha no fue escogida al azar: un 23 de abril fallecieron William Shakespeare y Miguel de Cervantes, escritores universales, cuyo inmenso legado no ha hecho más que expandirse y revalorizarse en 400 años, y nada hace suponer que su pluma deje de fascinar alguna vez a los lectores del mundo. La intención de la UNESCO fue rendir un homenaje a ambos autores alentando el placer de la lectura, la producción editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor.

Cinco años después la apuesta fue mayor: la UNESCO estableció el concepto de Capital Mundial del Libro eligiendo a Madrid como ciudad inaugural en 2001. La Conferencia General del organismo aprobó la Resolución 31 C/29 el 2 de noviembre de 2001, por la que se dispone la elección anual de una capital, reconocida por la calidad de sus programas para promover la difusión del libro, fomentar la lectura y expandir la industria editorial.

El entusiasmo no se hizo esperar; decenas de ciudades han presentado su candidatura desde entonces, motivadas por mostrar al mundo su producción literaria y expandir los horizontes de su particular cultura. La distinción no tiene ninguna implicación presupuestaria ni ningún premio material; se trata de un reconocimiento simbólico que moviliza a una gran cantidad de lectores, escritores, editores, traductores, estados y empresas en un objetivo común: la celebración de la palabra.

Esta distinción ha sido merecida por Madrid (2001), Alejandría (2002), Nueva Delhi (2003), Amberes (2004), Montreal (2005), Turín (2006), Bogotá  (2007), Ámsterdam (2008), Beirut (2009) y Liubliana (2010). En 2011, cuando sea el turno de Buenos Aires, se cumplirá el décimo aniversario de la creación de la Capital Mundial del Libro.